domingo, 9 de octubre de 2016

EXCURSIÓN EN FAMILIA

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La historia del Hotel Vidago Palace, curiosa y un tanto rocambolesca, cuenta como el destino les jugó una mala pasada a aquellos monarcas que soñaron con disfrutar del bello palacio y de los beneficios de sus aguas minerales. El rey Carlos de Portugal encargó su construcción como residencia para su familia y huéspedes pero nunca lo vio finalizado pues lo asesinaron antes de su término. Su sucesor Manuel II tampoco gozó de los placeres del Hotel ya que un día antes de su apertura, el 5 de octubre de 1910, la revolución de Portugal puso fin a su reinado. Sin embargo, la aristocracia portuguesa y europea sí pudieron disfrutar del palacio real, de sus aguas minerales y de su excelente situación. De hecho en aquellos años el Hotel estaba considerado como uno de los más lujosos de la península ibérica. Incluso en la dura época de la postguerra las familias europeas acudían a los bailes de té del hotel, bebían sus aguas benefactoras y algunos jugaban al golf en el campo de nueve hoyos diseñado por el escocés Mackenzie Ross.

La sabia restauración de los diseñadores José Pedro Lopes y Diego Rosa ha conseguido mantener el glamour y el encanto del edificio original y añadir todos los lujos de un hotel de cinco estrellas del siglo XXI. Y aún ahora, al traspasar la verja de hierro que da paso al mundo del Vidago, no es difícil imaginar escenas de la Belle Époque por los jardines y salones del hotel. Un arco de árboles y una redondela de flores enmarcan el magnífico palacio de color rosa al que se entra subiendo por una solemne escalinata.

Nada más entrar se observa el detalle con que han sido escogidas las lámparas, las puertas, los papeles de las paredes pintados a mano.... Como colofón, la magnífica escalera que conduce a las 70 habitaciones con las que cuenta el hotel. La Junior Suite tiene un baño de “época” con su correspondiente bañera de patas y está pintado con serenos tonos verdes igual que el dormitorio y el saloncito. En los suelos, el mosaico portugués es el protagonista. Por los ventanales entra la luz radiante de un día de sol y desde allí se puede observar el moderno Spa, apéndice del Hotel y obra del famoso arquitecto Álvaro Siza Viera. Al contrario del predominante estilo Belle Époque-Art Nouveau del Palacio, el Spa de 2.000 m2 es minimalista. El mármol blanco de suelos y paredes le da una frescura que ayuda a relajarse tras haber pasado por el hamman o la sauna, la piscina de chorros con agua mineral, o por alguno de los muchos tratamientos de belleza que ofrece en sus veinte salas.

 Tras el Spa se impone el desayuno en el Jardim de Inverno bañado por el sol a través de su techo acristalado. Las frutas de la estación y los zumos naturales son un buen comienzo al que podrán seguir los cereales, o unos sabrosos huevos fritos con bacon, salchichas…

Por los jardines pasean los jugadores de golf que han llegado de lugares variopintos para participar en un campeonato. Al campo original de Mackenzie Ross se le añadieron nueve hoyos más con lo cual tras el rediseño de Cameron&Powell ahora cumple con todos los requisitos de un campo de dieciocho hoyos, estratégicamente situado entre montes y arboleda.

Los no jugadores pasan el día en el Spa del que saldrán revitalizados y donde podrán comer saludablemente gracias al chef del Hotel, Rui Paula, que tiene menús para todos los gustos. Podrán y deberán beber en alguna de las cuatro fuentes el agua mineral naturalmente carbonada cuya composición química varía según el manantial. Y comprar alguna botella del agua de Vidago que, embotellada desde 1886, nunca falta en las neveras de las habitaciones.

Un toque cosmopolita Rui Paula es el propietario de los restaurantes DOC (Oporto) y DOP (Armamar, Viseu). Se inclina por los productos frescos de la zona y la gastronomía tradicional del norte de Portugal cocinada con más ligereza y toques contemporáneos. El Salâo Nobre que por su tamaño alberga banquetes y eventos, es el lugar idóneo para saborear su carpaccio de pulpo con granos de granada, tierno y jugoso, o el cordero con risotto, regado con el vino Casa Amarela Tawny de 10 años de la Quinta de Casa Amarela. De postre, helado de piña colada y un vino dulce de oporto para terminar.

 En el club de golf los jugadores y no jugadores, tienen una oferta en la que priman las cervezas Súper Bock , los sandwiches y las carnes a la parrilla, mientras que en el BAR del hotel los cocktails son su especialidad y el Wine Cellar ofrece los vinos más cotizados de la región del Valle del Duero. Una bonita excursión para realizar desde el Hotel es recorrer en coche o en barco desde Regua, la ruta turística de la Ribera del Duero y llegar a Oporto al atardecer.

VIDAGO PALACE


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